Reflexiones

3 cosas que aprendí en 2014

Qué te voy a contar, estamos en esas fechas… Reencuentros, celebraciones, turrones, regalos.. Y frío, mucho frío. ¿Qué está pasando en esta ciudad? Una vez más, el año llega a su fin y todavía me pregunto cómo ha pasado tan rápido el tiempo. Hace unos meses estaba haciendo las maletas para cruzar el charco y de nuevo con las maletas sin deshacer para un nuevo destino.

Maletas, podría resumir mi año con la palabra “maletas”. Y aviones, cambios de hogar. Mudanzas, adaptarse a nuevos destinos, coge el abrigo que hace frío, no te olvides de los papeles del viaje. Y buscar piso, desesperarse, y tener suerte. «Hola, me llamo fulanito, soy el nuevo becario». Y al de seis meses, otro cambio. Londres, Nueva York, otra vez Londres. Y ahora a Madrid. «Hola, me llamo…».

A falta de unas horas para las campanadas y la entrada en el 2015, mientras algunos celebran en la calle y se toman una copita (o dos), a otros nos gusta revisar el año. Es una tradición, como los que hacen su lista de propósitos. En mi caso, este año paso de propósitos (nunca los cumplo, es una pérdida de tiempo). Pero sí que me gusta mirar atrás, ver el camino recorrido, pensar qué cosas he aprendido, y sobre qué cosas (¿errores?) debería aprender. Y es que, a toro pasado, todo se ve más claro, ¿no?

El 2014 ha sido, sin duda, un año de crecimiento, personal y profesional. He aprendido mucho, he conocido a gente que me ha enseñado mucho, pero si tuviera que quedarme sólo con tres cosas…

1. Todo pasa por algo

En mi último año de carrera, yo tenía más o menos claro que encontraría trabajo antes de licenciarme. Es cierto que no era el mejor del curso, pero había sido bastante activo en mi tiempo libre y tenía un buen currículum. Sin embargo, al volver de erasmus me encontré con una situación algo más “compleja” a la esperada y no pude encontrar nada (de lo que yo quería) antes de terminar la universidad.

¿Chasco? Puede. Pero ahora que lo pienso, si hubiera tenido trabajo antes de licenciarme, probablemente no hubiera pasado uno de los mejores veranos de mi vida de voluntario en Guatemala, ni hubiera ido “a la aventura” a Londres con algunos de mis mejores amigos, ni hubiera terminado organizando eventos para importantes multinacionales en la Gran Manzana. Posiblemente hubiera vivido otras experiencias, y puede que hubieran sido incluso mejores. Pero, a día de hoy, no cambio lo vivido por nada en el mundo. Y es que todo pasa por algo.

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(Imagen: http://flickr.com)

Cuando alguno de mis amigos me comenta que está desanimado porque no le ha salido ese trabajo, que le ha dejado la pareja, que tiene miedo de que no le den esa beca para el Máster, siempre les digo lo mismo: todo pasa por algo. Es cierto que es difícil ser optimista cuando las cosas no salen según lo planeado, y es verdad que hasta que no ocurre algo no te das cuenta de por qué no pasó antes. Pero en ese caso lo que necesitas es perspectiva, ver las cosas desde otro ángulo, hablar con gente de fuera, confiar en que viene algo mejor.

Las experiencias que vivimos, la gente que conocemos en el camino, ese jefe que no te caía tan bien o la señora con la que hablaste el otro día en el metro. Contactos, no dejes de hacer contactos. En España se habla mucho de “enchufes” y no me gusta nada esa palabra. Haz contactos, donde puedas. Ayuda a esa persona si tienes la oportunidad, aunque no haya nada para ti a cambio, nunca sabes a quién te vas a volver a encontrar. Ni dónde vas a estar dentro de un año. Créeme, ni te imaginas todo lo que puede pasar en un año.

Quizás es por mis creencias religiosas, o porque tengo fe ciega en el destino, pero te puedo asegurar que no existen las coincidencias, que todo pasa por algo… Y hasta que ocurre, estamos “en camino”, ya casi llegando.

2. No olvides de dónde vienes

En ocasiones nos toca empezar nuevas aventuras, enfrentarnos a nuevos retos. Y a veces sentimos que no estamos preparados, que no vamos a dar la talla, que todo esto nos viene muy grande. Y quizás sea cierto. Pero, ¿te puedo contar un secreto? En realidad, nunca empiezas desde cero.

Tú, hoy, eres quien eres gracias a tu familia y tus amigos. Tu personalidad la definen las experiencias que añades a tu mochila, las decisiones que tomas cada día, la gente que conoces en el camino. Y aunque en el momento no te des cuenta, aunque tengas miedo de hacerlo mal, sabes mucho más de lo que crees saber. Sólo hace falta poner un par de… motivos sobre la mesa, e intentarlo.

Y mira, si te confundes, no pasa nada. Así se aprende, ¿no? Ya, bueno, pero es que a nadie le gusta equivocarse… Pues sí, es cierto. A nadie le gusta. Pero a veces pasa. Y en ese momento puedes hacer dos cosas, mirar hacia otro lado o reconocer tu fallo, disculparte y poner todo lo que esté de tu parte para solucionarlo. Y posiblemente aprendas de ello.

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(Imagen: http://flickr.com)

Cuando vives fuera de casa una temporada te das cuenta de esto. Conoces gente nueva, culturas diferentes que a veces no tienen nada que ver contigo. Te ves en situaciones en las que no sabes cómo actuar, te gustaría poder darle al pause y pedir el comodín del público. Pero resulta que ni hay comodín ni hay público, estás sólo ante el peligro. Y en esos momentos es importante recordar de dónde vienes. Si has sobrevivido a tantas caídas, ¿por qué no ibas a hacerlo ahora?

Es cuestión de actitud. Tus valores, tu forma de pensar, la manera en la que respondes a situaciones complejas… a cada paso que das, aprendes algo nuevo, tan sólo tienes que confiar en ti mismo. Y, ante todo, no olvidar de dónde vienes. Es cierto que no todo el mundo tiene la suerte de nacer en Bilbao, pero el sentimiento… ya me entiendes.

3. Por último, lo más importante…

Ha sido un año de no parar, de conocer gente nueva, de despedirme demasiado. Y de reencontrarme, me encantan los reencuentros. Pero en ocasiones, cuando vas corriendo, no te das cuenta de lo que más importante.

Era mediados de verano, mi amigo y yo estábamos sentados en la hierba mirando las estrellas, hablando de lo rápido que pasa el tiempo, de nuestros sueños de la infancia y de lo que nos deparaba el futuro. Yo, con mis dudas, como siempre. Él, también. Porque todos tenemos dudas, todos nos bloqueamos. Yo estaba a punto de tomar una decisión que marcaría los próximos 2-3 años de mi vida, sin saber que hacer, con miedo al compromiso.

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(Imagen: http://wallpapervortex.com)

Existe un proverbio inglés, me dijo, algo así como «the world is your oyster». Significa que el mundo, por muy grande que sea, cabe en la palma de tu mano. En esta vida puedes proponerte cualquier cosa, que si lo intentas podrás conseguirlo. Llegarás tan lejos como quieras, tardarás más o menos, será complicado, pero no hay nada imposible. Porque el mundo está en tu mano.

Suena idílico, muy de película, pero resulta que es cierto. Si miro atrás, no sólo 12 meses si no los últimos 24 años, creo haber conseguido casi todo lo que me he propuesto. Quería estudiar una buena carrera, trabajar en el extranjero, vivir en Londres, y en Nueva York, quería viajar por el mundo, conocer culturas diferentes, trabajar en una multinacional, montar mi propia empresa. Aún me faltan algunas, pero todo es ponerse. Y, una vez las tache de mi lista, añadir nuevos retos. Porque la vida va de eso, de retos.

Pero la vida no es tan fácil. Tienes que trabajar. Y formar una familia. Y necesitas dinero. Cualquier cosa se compra con dinero. Quizás lo de ser Bohemio no es tan fácil, quizás tengas que sacarte la idea de la cabeza de una vez. O quizás no. Quizás puedas fijarte objetivos (el mío, viajar, llegar a los lugares más recónditos del mundo), y poner todo lo que esté a tu alcance para lograrlos (¿trabajar para viajar? ¿o trabajar viajando?).

Si no lo has conseguido es porque aún no lo has intentado. Y es que si algo he aprendido este año es que todo ocurre por algo, que es importante no olvidar de dónde venimos pero, sobre todo, que

… el mundo está en tu mano.

Mis mejores deseos para el 2015.

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