Reflexiones

White shoes on the road

Haz planes, de cualquier tipo, y algo se interpondrá en tu camino. Ocurre siempre. Es más, estoy seguro de que a ti también te ha pasado. Te propones hacer una cosa y, por muy sencilla que sea, siempre sucede algo que hace que las cosas acaben mal. O acaben bien.

Hoy os quiero contar una historia con moraleja. Bueno, la moraleja me la he inventado yo, pero seguro que es una buena moraleja. Se trata de mi experiencia esta Semana Santa (2013). Como todos los años, yo tenía planeado descansar, tirarme en el sofá, ir a la playa, seguir descansando en el sofá… Éstas cosas que nos gusta hacer a los estudiantes cuando llegan las vacaciones. De hecho, este año había ido más allá : mis amigos y yo habíamos planeado un viaje a Cuba. Umm… Cuba… ¡El paraíso!

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(Imagen: http://tweakyourbiz.com)

Pero, como digo, siempre pasa algo que hace que tus planes cambien a última hora. Apunta, ésta es mi moraleja: todo ocurre por algo, sé feliz. En efecto, todo ocurre por algún motivo, todo tiene una explicación. Aunque no la conozcamos. Puede sonar a tópico, a sacado de un libro de autoayuda, pero supongo que al final es verdad. Os contaré mi historia de forma escalonada, en tres fases. ¿Preparados? ¡Allá vamos!

(1) Todo ocurre por algo. No te agobies.

Hace un par de meses, a finales de enero o comienzos de febrero, me surgió la oportunidad de participar en un concurso internacional de consultoría organizado por la empresa KPMG. El año pasado participé en uno de marketing, el L’Oréal Brandstorm 2012, y mi equipo se clasificó en la segunda posición en la final nacional. Hace tres años participé en otro similar, organizado por Procter & Gamble, y logramos superar varias fases sin haber estudiado aún ninguna asignatura de marketing en la universidad. Pero éste era diferente.

Aun tratándose de consultoría y no de marketing (mi pasión, a lo que me gustaría dedicarme en el día de mañana), me pareció una oportunidad interesante para trabajar con un equipo diferente y, sobre todo, aprender. Digo “diferente” porque ninguno de los otros tres integrantes del equipo había cursado mi especialidad, pero les conocía desde hacía años y teníamos muy buena relación. Quizás fue, entre otras cosas, esa buena relación la que nos dio fuerza como equipo y nos permitió clasificarnos para la final nacional tras una ronda previa universitaria.

Y así, casi sin pretenderlo, nos plantamos en Madrid. Allí coincidimos con finalistas de universidades como Carlos III, Icade, Esade, Universidad de Navarra, CEU y Pompeu Fabra. Por explicar muy brevemente de qué trata el concurso, nuestra misión era recibir un caso práctico (real) de una determinada empresa, analizar su situación y posibles problemas, pensar en diferentes estrategias para solucionarlos y presentarlas a un jurado compuesto por socios de la firma. Todo esto en inglés, y en tan sólo 3 horas.

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(Imagen: http://www.kpmg.com)

Si se me permite añadir, y para darle más emoción al asunto, nuestra universidad (que es muy fuerte y prestigiosa en muchas otras cosas), no nos había preparado para enfrentarnos a un business case a lo largo de la carrera, a diferencia de otras universidades que iban algo mejor formadas y enfocadas a solucionar los casos basándose en los datos numéricos proporcionados. Pero utilizamos esa debilidad para hacernos fuertes, y planteamos una solución mucho más arriesgada y creativa que el resto. Y parece ser que al jurado le convenció. Por primera vez en la historia de este concurso, la Universidad de Deusto se clasificaba para la final internacional del KPMG International Case Competition. Y yo tenía la suerte de ser parte de ello.

Hasta ahí, todo genial. Por fin, a la tercera, conseguía clasificarme para la final internacional de un concurso universitario. ¡Lo mío me había costado! Pero de repente, junto con el entusiasmo de la noticia y la alegría en el cuerpo, llegaron el nerviosismo y los sudores fríos. Una semana antes de la final nacional había recibido una mala noticia : la final internacional era en Semana Santa, coincidiendo con el viaje que había planeado con mis amigos a Cuba… ¿Qué podía hacer? ¿Olvidarme del concurso y no presentarme en Madrid? ¿Dejar de lado a mi equipo y garantizar el viaje con mis amigos? No lo tenía nada claro.

Una compañera de equipo, y buena amiga he de admitir, me dio un consejo que nunca olvidaré: “tranquilo, no te agobies, no pienses en un problema que no tienes aún”. Y tenía razón. No tenía sentido agobiarme, si me había apuntado al concurso era para disfrutar. Las cosas ocurren por algo, no tiene sentido anticipar sucesos ni agobiarse. Una vez ganamos la fase nacional me replanteé la situación y dejé de verlo como un problema para comprender que en realidad era una oportunidad única. Siempre podría volver a Cuba, con otros amigos o con mi familia, pero ser miembro del primer equipo de mi universidad que representaba a España en una final internacional de este concurso… eso, y cada día soy más consciente de ello, no se repetiría nunca.

(2) Todo ocurre por algo. Disfruta del momento.

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Os presento a Alex, Katrin y Gabriela, mis tres compañeros de viaje, aquellos con los que he tenido la oportunidad de disfrutar de esta inolvidable experiencia. Compartimos foto con June, en el centro, que lejos de ser una mera representante de la universidad ha sido una mentora para nosotros, como una hermana mayor, compartiendo los buenos y malos momentos y dándonos fuerza a cada minuto que pasaba. Y de fondo, el Hotel Palace de Madrid. Es cierto, no tuvimos la suerte de viajar a China, ni Nueva Zelanda… ya que la final internacional se celebraba este año en España. Pero, especialmente por este motivo, fuimos un equipo anfitrión admirable. Y si no te lo crees, mira el vídeo de bienvenida que preparamos para el concurso (cómo no, fardando de vivir en la capital del mundo):

Una vez en la final internacional estaba claro lo que teníamos que hacer : disfrutar del momento. En entradas anteriores he comentado que le Erasmus en Finlandia ha sido, sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida. Pues bien, estos cinco días en Madrid, compartidos con estudiantes de 23 países (Noruega, Dinamarca, Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, Irlanda, Canadá, EEUU, Brasil, Rusia, Australia, Islas Caimán, Turquía…) han sido como un breve Erasmus. Hemos conocido a gente de todo el mundo, personas increíbles con las que mantenemos contacto y buenos amigos con los que esperemos encontrarnos en un futuro.

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Hemos conocido también a socios internacionales de KPMG, teniendo acceso a muy distintas culturas organizativas, así como a recruiters de todo el mundo (siendo esto una clara oportunidad para nosotros). Como si de un máster concentrado se tratase, hemos aprendido al ver presentar a compañeros de otros países, tomando notas para futuras generaciones de la universidad. Pero sobre todo aprendiendo para nuestro futuro (no tan lejano) personal y profesional. Y es que en cinco días hemos puesto en común diferentes sistemas educativos, distintas culturas… pero, sobre todo, un mismo objetivo. Las cosas ocurren por algo, disfrutemos del momento. Ya que puede que nunca vuelva a ocurrir.

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(3) Todo ocurre por algo. Ten paciencia.

Está claro que, si has seguido leyendo hasta aquí, ¡paciencia tienes y mucha! Durante estos días en Madrid comprobé la importancia de ser paciente y no tirar la toalla. Estando en Helsinki, allá por noviembre, comencé a aplicar a varios procesos de selección. Me licencio en julio, y me gustaría terminar la carrera con una oferta de trabajo. Pero viendo como están las cosas… además, en marketing, todo va mucho más lento. Desde que empecé a aplicar hacía 6 meses sólo había recibido respuestas negativas, bien inmediatas o bien tras haber avanzado algunas fases en los procesos de selección. Pero negativas al fin y al cabo. Y esto, para un estudiante sin experiencia, no resultaba muy motivador…

Pero estando en Madrid, nada más terminar una presentación, recibí una llamada de una importante empresa internacional de distribución de bebidas. Y pocos días después me contactaron de la que quizás sea la principal compañía cosmética del mundo. No eran ofertas laborales, sino ofertas para realizar una entrevista, pero ya íbamos avanzando. Parece que, tras esperar, todo había dado sus frutos.  Y es que todo ocurre por algo, en el momento adecuado, y la paciencia ha de ser lo último que se pierde.

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KPMG Final ICC

Sin duda, ha sido una experiencia única y me alegro de aquella decisión que tome de mantenerme fiel a mi equipo. Está claro, en toda decisión existe un coste de oportunidad: ¿qué hubiera pasado si hubiera ido a Cuba? ¿Qué hubiera ganado con el viaje? ¿Y qué hubiera perdido? La verdad, no merece la pena pensar en ello, hoy sólo veo los beneficios de mi decisión. Y cada día los veo en más sitios: todos los medios de comunicación cubrieron el evento (el país, el mundo, abc, el economista, cinco días, europapress, antena 3 …). Ha sido, como ves, ¡una locura! Me llevo la lección más que aprendida: todo ocurre por algo, te recomiendo ser feliz.

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Ahora es tu turno. Como siempre, me gustaría saber algo más de ti. ¿Te ha ocurrido alguna vez que, aun teniendo otros planes, todo diera un vuelco y cambiara por completo? ¿Cómo acabó tu aventura? ¿Crees en el destino o eres de los que defienden las coincidencias? Si te ha gustado esta historia, o si te has sentido identificado/a, compártela con tus amigos/as en tu red social preferida. Muchas gracias por tu tiempo y… ¡hasta pronto!

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